Antes del tiempo no había distancia entre pensamiento y materia. Entero era una totalidad indivisa. La creación comenzó cuando esa unidad se abrió y dejó a sus criaturas el don más difícil: elegir.
Cada pueblo de Aëthrenya conserva una forma distinta de nostalgia por aquel origen. Los enanos la tallan, los belanthari la persiguen en el Éter, los duatha custodian su equilibrio y los humanos la sueñan desde su fragilidad.